No pude decir nada, estaba estupefacta, anonadada, shockeada... No encontraba calificativos para describir ese agujero negro que se abrió en mi pecho en ese momento.
—Aún queda saber si me van a llamar —dijo Kentin mientras se sentaba en la cama y apoyaba sus brazos en las rodillas—. Todavía nos queda esa esperanza.
—Kentin... —susurré, era incapaz de decirle nada, todo lo que pensaba en ese momento era poco importante para mí. Quería gritarle "¡te lo dije!" pero no podía, no podía ser tan desg