No terminaba de salir de mi asombro. Parpadeé varias veces cuando Carol habló del amigo imaginario de mi hijo, pero Dante le respondió con toda naturalidad.
—Está muy bien, gracias —dijo con una sonrisa. Carol me miró con un gesto amable en sus ojos.
—Creo que necesita respuestas, señora —dijo Carol. Yo asentí.
—Y muchas —murmuré.
Carol tomó tres vasos y los llenó con jugo de cítricos, al parecer iba a ser una charla muy larga.
—Dante es un niño de cristal —empezó.
—¿Un qué? —pregunté.
—Cada ci