Las primeras semanas luego de dejar a Kentin en el Centro de Recuperación fueron un completo infierno. Catrina no me hacía caso en absolutamente nada, ya no sabía cómo controlarla, hasta que se me ocurrió una idea.
En la siguiente visita semanal en la que fuimos al Centro a ver a mi esposo, le hablé de la mala actitud de Catrina. Mi esposo respondió como había imaginado que lo haría: Miró a su hija con sus ojos verdes encendidos fuego y le dijo sólo cuatro palabras: hazle caso a tu madre. Bastó