Dante
El aroma del café recién hecho llena el comedor cuando me siento en la mesa. Frente a mí, Sofía sostiene la taza entre sus manos, sus dedos delgados rodeándola como si buscara calor o seguridad en ella. Sus ojos recorren la habitación como si esperara que en cualquier momento algo o alguien apareciera de las sombras para atacarla.
—Gracias por dejarme quedarme aquí, Dante —dice, su voz apenas un susurro.
Levanto la mirada de mi plato y la observo. Sus facciones han cambiado con los años, p