Dante
El despacho está sumido en un silencio cómodo, interrumpido solo por el leve crujido de la silla cuando me reclino ligeramente hacia atrás. Observa cómo Lucía organiza con torpeza los suministros médicos que Francesca dejó hace un momento.
No puedo evitar sentirme fuera de lugar en esta situación. Las heridas, los vendajes, el dolor físico… todo eso es parte de mi vida. Pero esto, alguien preocupándose por mí de esta manera, es un terreno desconocido.
—No necesitas hacer esto, Lucía —digo