DANTE
La puerta del auto se cierra detrás de mí, dejando a Lucía y al niño dentro. Sé que Nico está mal, que el corazón está fallando y aunque mantener el corazón dentro de pel es de mis prioridades, ahora no puedo concentrarme en eso.
Fuera, el aire es pesado, impregnado con el inconfundible olor de la pólvora.
Luciano me espera junto al frente del auto, su arma lista. Su mirada es rápida y alerta, escaneando el entorno. Tres autos nos rodean; sus motores rugen como bestias esperando atacar.
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