Capítulo 30.

Cuando desperté a la mañana siguiente, Rashid estaba allí, durmiendo plácidamente, como si nada. No le había escuchado llegar, así que no os puedo decir a la hora que llegó, pero sí sabía que me acosté a las tres y él no había llegado aún.

Me metí en la ducha, ya que me sentía asqueada pues el día anterior no me había duchado en condiciones.

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