Él había estado tratando de cuidar los sentimientos de Simón.
Pero ahora, se sentía incapaz de contenerse.
Esta mujer monstruosamente fea había cruzado todos los límites de la cordura.
Sin embargo, Simón lo detuvo con una mano y dijo con suavidad: —Esto es asunto de ellos, no nos involucremos.
Miguel se sentó con gran frustración, mirando al monstruo feo con respiración entrecortada.
En ese momento, Sofía miró despreocupada a Genaro y le sonrió con sarcasmo: —Todavía tienes una oportunidad d