Después de un largo rato, Simón sonrió ligeramente, se sirvió una taza de café y dio un pequeño sorbo.
—¿Desde cuándo empezó?
En ese momento, Leticia Del Castillo bajó la cabeza y dijo: —Fue antes de esconderme en Isla Lacustrina, en ese momento, ellos ya le habían tendido una trampa para que me infiltrara a tu lado y les proporcionara toda la información necesaria, a cambio de perdonar la persecución en mi contra.
—¿Aceptaste?
—Sí, usted debe saber que las organizaciones de asesinos nunca permi