En ese momento, Julio García se apresuró y le dijo: —Tío, no, no, señor Diéz, esta tienda de bolillos no cumple con los estándares de higiene, yo vine a inspeccionarla y, se debe cerraran para rectificar la situación, pero el dueño no aceptó y solo hizo que nos hirieran, ya ve, me rompieron hasta los dientes.
Carlos Diéz lanzó una mirada de disgusto a Julio, conocía claramente la moralidad de su sobrino.
Pero no pudo ignorarlo, pero el sobrino fue golpeado, de lo contrario regresaría a casa, y