Eleazar se alegró interiormente y avanzó, lanzando otro tajo directo hacia Cristóbal.
Cristóbal era un practicante de hechicería. Si tuviera la oportunidad de acercarse a él, tal vez aún tendría una oportunidad.
Pero al instante, la energía espiritual gris dispersa se convirtió en runas que formaban un patrón misterioso, cayendo sobre Eleazar.
Una poderosa fuerza lo ató instantáneamente, dejándolo totalmente petrificado como si fuera una estatua, solo podía ver cómo el conjuro descendía sobre él