Quiliano ya se había convertido en un gran gigante. Ahora levantaba una mano, pareciendo aún más imponente y aterrador. Con un poder incontenible, descendió directamente hacia Simón con una palma que emanaba una fuerza aterradora, incapaz de expresarse con simples palabras.
La mitad esquelética personificada de Plácido sostenía una larga espada, la cual descendió sin piedad alguna, creando grandes grietas negras en el espacio.
Los ojos de Remigio se posaron en Simón. Las runas en sus ojos girab