Simón se sentó con calma, incluso encendió un cigarrillo y comenzó relajadamente a fumar.
La expresión de Alex se tornó sombría y gritó enojado: —Pendejo, no se permite fumar aquí. ¿Realmente quieres que te arroje fuera?
—Si tienes el valor, ven y hazlo ya — respondió Simón con total indiferencia.
Alex respiró fríamente y llamó de inmediato a los guardias de seguridad.
En ese momento, Sofía apresuradamente dijo: —Simón, déjalo ven, no te enfades con él, vámonos.
Sofía también tenía miedo de que