Valerio tenía la frente empapada de sudor, pero Xenia respondió con valentía: —Vamos, no tengas miedo. Valerio, si no vas, llamaré a tu papá.
Valerio estaba atrapado y, aunque le resultaba difícil hablar, sabía que debía resolver esta situación de alguna manera. Miró a Mario y preguntó:
—Señor Jiménez, ¿puedo ir yo solo?
Valerio estaba sugiriendo que podría ir solo y ofrecer una compensación. Quizás los Fernández podrían darle a su padre un poco de respeto y dejar pasar este incidente sin que é