Pero en este momento, Cadilaya soltó una carcajada salvaje, agitando su enorme hacha mientras gritaba: —¡Insignificantes humanos, se atreven a desafiar la majestuosidad del Dios de la Sangre! Acepten la muerte otorgada por el Dios de la Sangre, es un honor.
En su segunda forma transformada, Cadilaya se volvía aún más frenético. Su gigantesca hacha descendía con una fuerza más salvaje, causando grietas masivas en la plaza y haciendo que comenzara a derrumbarse por completo.
—Maldición— maldijo Si