Frente al asedio de tres individuos de nivel sagrado, Cadilaya no parecía sentir ninguna presión. Por el contrario, agitaba hábilmente su gigantesca hacha mientras rugía: —¡Miserables mortales, pretenden desafiar la majestuosidad del dios de la sangre! Rendir el Huevo de la Sangre Divina rápidamente, o sufrirán una muerte extremadamente dolorosa.
—Muere— Simón gritó fuerte, impulsándose con ambas piernas y rompiendo el suelo. Fue el primero en atacar a Cadilaya.
Con una velocidad similar a un ra