—Sí— dijo Darío.
Elio regresó a su habitación. Se puso una túnica azul, se ajustó un cinturón y colgó un antiguo y elegante jade en él. Luego, salió lentamente.
Elio tenía el aspecto de un hombre antiguo, pero, muy elegante. Darío no pudo evitar alabar y aplaudir.
Elio solo dijo fríamente: —Vámonos.
—Jefe, ¿no deberíamos llevar a algunas personas con nosotros? — preguntó Darío.
Elio lo miró y dijo lentamente: —¿Estás acaso dudando de mi fuerza?
—No, no osaría. Solo quiero aumentar la presencia d