Teodoro y Casimiro pensaron que a Simón no le había gustado, y Teodoro se apresuró a decir con mucha inquietud: —Señor, si no le gusta, podemos buscarle otra cosa.
—No es eso, dijo Simón sonriendo. —Me gusta muchísimo, pero ¿cómo lo obtuvieron?
—Eso... fue entregado por nuestros subordinados. No sabemos exactamente cómo lo consiguieron, explicó Casimiro muy apenado.
Simón afirmó y dijo: —Lo acepto, pero cuando regresen, pregúntenles cómo lo consiguieron y busquen al dueño original.
—Entendido, s