Pero Isabel afirmó con gran certeza: —No te estoy engañando, yo tampoco lo habría creído si no lo hubiera visto con mis propios ojos.
En ese momento, el teléfono de Isabel sonó. Era un número desconocido. Sin ánimo de nada, Isabel lanzó el teléfono hacia un lado.
Su hermano, viéndolo, se apresuró a decir: —¿Y si es la llamada de algún departamento oficial y nos informan que han encontrado el Buda de jade? Contesta rápido.
Isabel, dándose cuenta, de manera apresurada, contestó el teléfono.
—¿Isab