—¡Maldita sea, me ha vuelto a engañar!
—¿No podrías, por una vez, dejarme algo, una pequeña parte, para que al menos conserve algo de dignidad? ¿Eso es pedir demasiado?
Simón lanzó un grito de frustración hacia el cielo, descargando su ira contenida. Sin embargo, tras unos breves instantes de maldecir, apresurado eligió la Luz del Dios Dragón sin perder tiempo.
Al fin y al cabo, no podía desperdiciar la oportunidad. Si el Dragón decidía cambiar en ese momento de opinión y retiraba la opción de i