Pánfilo, después de lanzar unas fuertes amenazas hacia Simón, comenzó a recitar un conjuro: —¡Quema, sangre, otórgame poder! En nombre del Dios de la Sangre, te llevaré a tu tumba.
Las palabras del conjuro flotaron en el aire como un eco siniestro, llenando el campo de batalla con una energía evidente. A medida que pronunciaba las últimas sílabas, la atmósfera a su alrededor se tornó cada vez más densa y cargada de una presencia oscura y poderosa.
Con la finalización del conjuro, la presencia de