—¡Nos están robando, ayúdennos...!
En el segundo piso de la pequeña posada, Elara y Marisabel gritaron asustadas pidiendo ayuda mientras intentaban cerrar la puerta. Y, vieron atemorizadas a los dos enormes hombres acercándose paso a paso.
Sin embargo, los dos tipos se movieron con agilidad y, antes de que las jovencitas pudieran cerrar completamente la puerta, uno de ellos puso su pie para lograr detenerla.
Simón al principio pensó que estos dos tipos eran simples ladrones, por lo que no quer