El rostro de Teodomiro palideció al darse cuenta de que su energía espiritual no solo no se estaba absorbiendo de la espada, sino que, en cambio, se estaba perdiendo de forma descontrolada hacia ella.
—No puedo absorber la energía de la espada, — pensó Teodomiro: —y, en cambio, me está drenando la energía espiritual.
—Patriarca Ciriaco, dime ¿qué está pasando? — preguntó Teodomiro con pánico.
Ciriaco, con las manos a la espalda, respondió muy altivo: —Esta es una espada voladora, un tesoro hered