Simón sintió que era el momento adecuado, que ya era hora de superar ese obstáculo. Entonces, de un solo jalón, le arrancó la pijama a Daniela, que ya no cubría mucho. Así, el cuerpo seductor de Daniela quedó expuesto ante Simón.
Al ver esa visión tan tentadora, Simón sintió su garganta seca y una llama ardiente comenzó a encenderse en su interior. Pero justo cuando estaba a punto de dar el siguiente paso, Daniela de repente se cubrió asombrada con una manta y dijo en voz alta: —Espera un momen