Ante el asombro de todos, Simón estrechó la mano de Fidencio con suavidad, quien, de manera extremadamente afectuosa, le dio una palmadita en el hombro y un cálido abrazo.
En ese momento, los grandes directores y las estrellas de cine se quedaron completamente boquiabiertos.
Prospero estaba completamente sorprendido, e Ireneo dejó caer el champán que tenía en la mano, rompiéndose en pedazos.
Balbina, por su parte, se quedó paralizada, como si su cuerpo se hubiera convertido en una simple estatua