No es que hablara de un futuro, si ella lograba regresar con vida, eso ya sería una gran suerte. Un miedo profundo la ahogaba hasta casi no poder ya respirar, Balbina sentía que estaba al borde de la muerte.
En ese momento, Fidencio también notó la anomalía y miró con frialdad a los allí presente, preguntó: —¿Quién puede responder la pregunta que hice antes?
Pero en ese instante, nadie se atrevía a hablar, todos estaban realmente paralizados, temblando de miedo.
Al ver que nadie decía nada, Simó