Ireneo dijo lentamente: —No me interesan las cosas que puedo obtener con facilidad.
Esa frase hirió profundamente a Balbina, sintió que su autoestima se rompía en mil pedazos, como cristal quebrado. La humillación, la indignación y otras emociones se entremezclaban con rapidez en su mente, y casi deseaba clavarle un filoso cuchillo a ese imbécil.
Al ver la expresión cambiante en el rostro de Balbina, Ireneo se rio con desprecio: —Pero…Es realmente es imposible entrar en una fiesta como esta.
El