El pedir favores siempre ha sido de esa manera. Quien pide, generalmente no tiene mucho poder para negociar condiciones.
Teófilo, al escuchar esto, sonrió con suavidad y dijo: — Entonces así será. Esta tarde voy a invitar al Excelentísimo Gobernador a tomar un café y aprovecharé para hablar de su asunto.
Crisanto suspiró largamente: —Entonces, muchas gracias.
Los tres sabían muy bien que, era hora de marcharse.
Después de despedirse con reverencias, Crisanto dijo: —Señor conde, por favor, dígame