Cuando Desideria hablaba, Gabino le echó un ligero vistazo a su pecho, el cual se podía entrever su piel blanca y brillante.
—Bien, lo hiciste perfecto. Ven a buscarme más tarde, quiero invitarte a una cena, — dijo.
—¿De verdad? — El rostro de Desideria se iluminó de emoción, sabía que esta cita sería una muy buena oportunidad.
—Sí, mi señor iré esta noche. Estoy segura de que quedarás muy satisfecho.
Mientras hablaba, su mirada se volvía cada vez más coqueta, con un tono de seductor.
Gabino so