Él sabía muy bien que esas personas no tenían la intención de atacarlo, pero sus almas fueron controladas, no tenían opción.
Si no hacía algo al respecto, aunque ellos sobrevivieran, se convertirían en simples marionetas ignorantes.
Por eso, la urgencia de terminar esta batalla era innegable. A pesar de que una parte de él seguía teniendo cierta curiosidad por descubrir más secretos sobre Gerardo y su extraña iglesia, la brutal realidad no le permitía dudar ni un segundo más.
La luz de la esp