Gerardo y sus dos compañeros se sentían cada vez más agotados en la feroz batalla. Ante el aterrador ataque de Simón, mostraban grandes signos de confusión y desespero, con la sorpresa y la impaciencia reflejadas en sus ojos.
Finalmente, Gerardo no pudo soportarlo más y lanzó un rugido bajo y profundo, retrocediendo abruptamente hasta una distancia de diez metros.
La hoja espiritual en su mano se desvaneció de manera silenciosa mientras sus manos formaban rápidamente complejos sellos, acompaña