El estruendo fue realmente ensordecedor. Todos los presentes quedaron al momento sordos, tapándose nerviosamente los oídos con dolor.
Una lluvia de fuego cayó directo sobre la posición de Simón, con una potencia suficiente para destruir un edificio. Era tan densa que no había lugar alguno donde esconderse.
Al ver esto, todos quedaron boquiabiertos, llenos de un gran asombro y horror.
Con un fuego tan intenso y concentrado como este, cualquier ser basado en carbono no tendría ninguna posibilidad