Nicasio le echó una mirada de sorpresa a la armadura brillante de Simón, y una sonrisa muy helada se dibujó en sus labios. —Vaya, parece que tienes algo de talento.
Simón, al escuchar esto, soltó una risa bastante despectiva y respondió con sarcasmo: —Por supuesto. Pero tu armadura tecnológica, no parece gran cosa, ¿eh?
El rostro de Nicasio se ensombreció furioso al instante. Se giró bruscamente y sacó una extraña arma de francotirador de una delicada caja, que medía más de dos metros de largo.