Florián ahora lucía totalmente transformado, con un par de cuernos de un metro de largo en la cabeza y un aspecto que ya no se asemejaba en nada a un ser humano.
Su enorme cuerpo había roto los últimos pedazos de su ropa, dejando al descubierto su fornido físico de color negro.
Sus piernas se arquearon hacia atrás, y su piel estaba cubierta en ese instante de siniestras marcas negras.
Las enormes alas en su espalda se levantaron aún más alto, ardiendo con grandes llamas de energía espiritual y