Benjamín no pudo evitar reír, dejó con cuidado la caja en el suelo y miró directo hacia la figura con frialdad: —¡Mierda! ¿Ahora cualquier rufián se atreve a amenazarme? ¿Con una espada rota crees que en verdad puedes asustarme?
Claramente, Benjamín no tomaba en serio a su oponente.
Y, en efecto, un guerrero de nivel espiritual no era débil entre los practicantes, y no se encontraba tan fácil.
Matías suspiró y se dirigió lentamente hacia Benjamín.
Este era su primer encargo.
Debía llevar a Benja