Smith, acompañado por varios hombres armados, se encontraba de pie en la proa del barco, esperando ansioso.
Simón echó un ligero vistazo y envió a Serafín para negociar.
Serafín habló con Smith por un largo rato y luego expulsó a las mujeres a bordo. Aquellos que no obedecían, se les castigaba sin piedad alguna.
Los gritos de agonía resonaban constantemente.
Simón observaba detenidamente la escena muy impasible.
No fue sino hasta que todos estuvieron a bordo y el barco de Smith comenzó a alejars