En ese preciso momento, una figura femenina de agua líquida apareció en el cielo, elevada sobre el suelo. La mujer observó con preocupación la escena y se ubicó detrás de Samuel. Con un tono de voz decidida y llena de angustia, pronuncio:
—¡Ramón, detente ahora mismo!
Samuel giró lentamente su rostro, mostrando asi una expresión oscura. Con un tono frío y desafiante, respondió:
—Madre, ¿ni siquiera tú estás dispuesta a apoyarme esta vez?
La mujer líquida negó con la cabeza cualquier tipo de afir