—¡Tú!
Arnau abrió los ojos sorprendido. No podía creer que el cuerpo tan delgado del anciano tuviera ese poder tan indescriptible y explosivo. Luego, con el rostro frío, miró a Cándido y, usando el idioma de los Trisirenios, le ordenó que actuara de inmediato.
En ese preciso momento, Cándido ya estaba gravemente herido. Con un tono de voz inquieto, apenas alcanzó a decir algunas palabras, lo que provocó que Arnau lo maldijera una y otra vez: —¡Eres un completo inútil, Cándido, me has decepcionad