En ese preciso momento, Tercero, que estaba detrás de Simón, gritó de repente. Levantó su bastón y una luz blanca salió disparada, atravesando al monstruo mitad humano y mitad serpiente en un instante. Al instante, Simón vio cómo la serpiente humana se desintegraba frente a él, convirtiéndose simplemente en polvo.
En un abrir y cerrar de ojos, Simón volvió en sí, se giró con rapidez hacia Tercero y le dijo:
—Muchas gracias.
—No hay de qué, Simón. ¡Cuidado!
Con un grito de advertencia, Tercero al