Daphne gritó aterrada: —¡Simón, ten mucho cuidado!
Simón, con rapidez, agarró el tubo de acero que Rohar había lanzado hacia él, lo tiró hacia atrás con fuerza, y el tubo de inmediato pasó a estar en sus manos. En ese instante, Simón lo levantó y, con una fuerza descomunal, lo dejó caer hacia Rohar. Un fuerte viento parecía haber acompañado el golpe, y Rohar, aterrorizado, se sintió como si cayera en un agujero frio. Paralizado por el miedo, no pudo articular palabra, con el tubo suspendido just