—¿Cómo pudo Miguel acercar tanto el auto? —gritó el hombre de la gorra, notando que su lujoso auto ya no podía acelerar más, pues estaba al límite de su capacidad.
—¡Maldita sea! ¡No puedo perder! —murmuró con furia mientras miraba ansioso por el retrovisor.
En un movimiento rápido, tomó una pistola del bolso que estaba en el asiento del copiloto. Con una sonrisa torcida, murmuró:
—Si es así, ¡entonces morirán todos conmigo!
Con el auto en movimiento a gran velocidad, el hombre de la gor