—¿Sabes lo arrogante que era ese chico en ese momento? —gritó Miguel, todavía furioso.
Abel bajó del auto con una expresión bastante preocupada y respondió:
—Joven Miguel, ese tipo estaba completamente loco. No vale la pena competir con alguien así. Personas como él tarde o temprano se encontrarán con alguien más temerario que ellos.
—¡Maldita sea! ¡La próxima vez que lo vea, no lo dejaré pasar! —exclamó furioso Miguel, mientras le daba una patada a una botella de agua que estaba en el sue