—Isolde, esos dos millones de dólares, puedes devolverlos poco a poco, no hay prisa.
Isolde respondió: —No te preocupes, señorita Constanza. Usaré el resto de mi vida para saldar esta deuda contigo.
Para comprar aquel regalo, Isolde gastó dos millones de dólares. Todo lo que sabía era que se trataba de una misteriosa antigüedad de Andalucía Dorada. Aunque no podía decidir si Simón se quedaría o no, al menos podía expresar sus sentimientos hacia él.
Dos millones de dólares era casi el límit