La voz de Amaro sonaba siniestra, completamente consumido por su furia, su única intención era vengarse y no prestaba atención alguna a lo que decían los demás. Al instante, Amaro lanzó su ataque, pero Simón se desvió con rapidez, apareciendo detrás de él, y gritando: —¡Recibe mi golpe!
¡Bum!
Simón lanzó un puñetazo directo a la espalda de Amaro. Al instante, el dragón dorado que envolvía su brazo salió disparado, atravesando el cuerpo de Amaro en un abrir y cerrar de ojos. En ese preciso moment