Mundo ficciónIniciar sesiónHace cinco años, era la estrella en ascenso del laboratorio de investigación química más prestigioso del país. Pero en la víspera de la publicación de mi tesis final, la amante de mi esposo me asesinó. Me entregó a hombres que me violaron, desgarraron mi rostro y, como si fuera poco, inyectó ácido en mi vientre, destrozó mis dientes y mis huesos, y luego arrojó mi cuerpo, desapareciéndome sin dejar rastro. Yo solo tenía tres meses de embarazo. Ella le contó a todos que robé la investigación del proyecto y huí al extranjero. Mi esposo no dudó en denunciarme, pidiendo una orden de búsqueda internacional en mi contra. Cinco años después, una madrugada, un streamer de exploración urbana encontró mi cuerpo momificado en el sótano de un viejo almacén abandonado.
Leer más—Esto es solo la grabación del interrogatorio, Dominga —dijo Gerardo, apagando el teléfono con una frialdad que helaba la sala—. Ese hombre ya confesó cómo te ayudó a tenderle una trampa a Diana, llevándola a ese almacén para que la violaran. También confesó cómo destruiste las pruebas.El tono de Gerardo no ofrecía ninguna oportunidad de redención, solo era una presión psicológica, una última estocada.Pero Eliseo se quedó congelado en el momento en que escuchó la palabra "violación". Sus ojos se llenaron de furia descontrolada.—¡Dominga!Gerardo tuvo que interponerse, deteniéndolo antes de que hiciera algo de lo que se arrepintiera. Mientras tanto, Yago, con una expresión de asombro que reflejaba el impacto de la verdad, murmuró:—¿Entonces… hemos culpado a Diana todo este tiempo?José, perdido en la incredulidad, no encontraba las palabras. Lo único que logró articular fue un balbuceo cargado de confusión:—¿Cómo... tú fuiste capaz de...?De repente, Dominga soltó una carcajada, es
Al ver mi cadáver en la mesa de autopsias, su cara palideció al instante, aunque trató de forzar una sonrisa.—Sé que has estado bajo mucha presión últimamente, Eliseo, pero...—¿Dónde estabas antes de fracturarte el pie? —Eliseo no apartaba la vista de Dominga. Su mirada era incisiva, como si quisiera atravesar cada una de sus mentiras.—No me mientas.—Yo… estuve todo el tiempo en el laboratorio —respondió Dominga, pero su voz empezaba a quebrarse. Evitaba su mirada—. Eliseo, ¿por qué de repente preguntas sobre eso?—¿Quién puede probarlo? —insistió él, sin pestañear.—Eso...—¡Eliseo! —Yago irrumpió, furioso—. Sabes que las cámaras del laboratorio estaban rotas en ese entonces!Antes de que Eliseo pudiera contestar, José se acercó, apuntándole con el dedo en la cara, lleno de ira.—¡Deja de desviar la conversación, Eliseo! —gritó—. ¡Tú fuiste el que suplicó casarse con Dominga, que ella te diera un hijo! Y hoy vienes aquí a destruir tu propia boda. ¡Tienes que dar una explicación cl
No podía evitarlo. Me vi arrastrada con él, observando cómo Eliseo aceleraba sin control, conduciendo como si estuviera huyendo de algo. Las llantas casi echaban chispas, y no se detuvo ni cuando chocó contra la barrera de entrada de la comisaría.—¡Eliseo, qué rayos! —gritó el jefe de seguridad, corriendo tras él—. ¿No deberías estar en tu boda?Pero Eliseo ni siquiera lo escuchó. Su único destino era el laboratorio.Dentro, Gerardo estaba observando mi cadáver. Su expresión era de incertidumbre, casi de arrepentimiento.—Diana García… cinco años —murmuró—. Cinco años muerta.Cinco años en los que nadie me buscó.Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe. Eliseo entró tambaleándose, como si hubiera olvidado cómo caminar. Gerardo apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Eliseo lo agarrara por el cuello de su bata, desesperado.—¡El embrión! —gritó, con el pánico en su voz—. ¿Dónde está el embrión?Gerardo lo observó en silencio durante unos segundos eternos. Finalmente, so
Del otro lado de la línea, la voz de Gerardo sonaba incrédula y llena de tensión:—El embrión… tiene un 99.99% de relación biológica con Diana.Eliseo se quedó inmóvil.Lo vi claramente. Su mirada se llenó de confusión, como si no pudiera procesar lo que había escuchado.—¿Qué… qué dijiste? —preguntó, con un hilo de voz.—Te lo repito, Eliseo. La fallecida es Diana García. La misma que, hace cinco años, huyó con los datos del proyecto. Tu esposa.Fue como si un rayo lo partiera en dos.El teléfono se le resbaló de las manos y cayó al suelo con un ruido seco.Lo observé, completamente perdido, su mirada vagando sin rumbo, como un animal asustado en un lugar extraño.Nunca lo había visto así.Y por primera vez en mucho tiempo, me hizo gracia.—¿Eliseo? —Dominga notó que algo andaba mal y se acercó preocupada—. ¿Quién te llamó?Intentó agacharse para recoger el teléfono, pero Eliseo reaccionó de inmediato, tomándolo antes que ella. Su sonrisa era forzada, tensa.—Nada… solo un viejo amigo
Último capítulo