Al ver mi cadáver en la mesa de autopsias, su cara palideció al instante, aunque trató de forzar una sonrisa.
—Sé que has estado bajo mucha presión últimamente, Eliseo, pero...
—¿Dónde estabas antes de fracturarte el pie? —Eliseo no apartaba la vista de Dominga. Su mirada era incisiva, como si quisiera atravesar cada una de sus mentiras.
—No me mientas.
—Yo… estuve todo el tiempo en el laboratorio —respondió Dominga, pero su voz empezaba a quebrarse. Evitaba su mirada—. Eliseo, ¿por qué de repen