—Esto es solo la grabación del interrogatorio, Dominga —dijo Gerardo, apagando el teléfono con una frialdad que helaba la sala—. Ese hombre ya confesó cómo te ayudó a tenderle una trampa a Diana, llevándola a ese almacén para que la violaran. También confesó cómo destruiste las pruebas.
El tono de Gerardo no ofrecía ninguna oportunidad de redención, solo era una presión psicológica, una última estocada.
Pero Eliseo se quedó congelado en el momento en que escuchó la palabra "violación". Sus ojos