~ NICOLÒ ~
—Estoy bien —respondió Bianca, y aunque la oscuridad me impedía ver su rostro con claridad, podía escuchar el esfuerzo que estaba haciendo para mantener la voz firme. Para contener las lágrimas que claramente amenazaban con desbordarse.
Escuché el crujido de la cama cuando se sentó, su silueta moviéndose en la penumbra creada por la lámpara solitaria que ardía sobre la cómoda.
—¿Puedo entrar? —pregunté, manteniendo mi voz baja, suave.
—Claro.
Entré completamente en la habitación