Londres nos había recibido de vuelta con su clima típico —cielo gris, llovizna fina y una temperatura que me hizo cuestionar por qué alguien voluntariamente dejaría el calor argentino para volver al invierno inglés. Ya habían pasado dos semanas desde nuestro regreso, y la rutina se había establecido nuevamente: trabajo en Bellucci durante el día, noches tranquilas en casa con Ginger, y fines de semana organizando los primeros detalles de la boda.
El anillo de compromiso en mi dedo todavía parec