La habitación estaba en un caos organizado, con dos maletas grandes abiertas sobre nuestra cama king-size y ropa esparcida por todas partes mientras intentábamos decidir qué llevar para nuestro viaje a Argentina. Era el cumpleaños de un año de Matteo, y Nate sería personalmente presentado a mis padres.
El proceso de hacer maletas, que normalmente era simple para mí, se había convertido en una operación compleja ahora que necesitábamos considerar no solo nuestras necesidades, sino también las de nuestra nueva compañera de cuatro patas.
Ginger estaba acostada justo en medio del desorden, ocasionalmente tomando una media o pieza de ropa que caía al piso y transformándola en su juguete personal, completamente ajena a nuestros intentos serios de organización. Su pelaje dorado contrastaba hermosamente con el edredón azul marino, y parecía perfectamente satisfecha siendo el centro de atención mientras organizábamos nuestra vida alrededor de ella.
—¿Estás absolutamente segura de que Ginger